Pastafresca a la Frutiseca

Ingredientes

  • 400-500 gr de pasta fresca rellena
  • 2 o 3 cucharadas de almendras laminadas
  • 8 o 10 nueces
  • una cucharada de piñones
  • aceite de oliva
  • una guindilla roja seca, salvia, pimienta, sal
  • queso rallado

Preparación

Lo primero, lavarse las manos.

Hervir la pasta según las instrucciones del fabricante, que para eso las pone.
Una vez descascaradas las nueces, laminarlas con un cuchillo fino afilado. Picar la guindilla.

Cubrir el fondo de una sartén amplia con aceite de oliva, poner a fuego suave y dorar ligeramente las almendras. Cuando empiecen a tomar color, retirar del fuego sin sacar las almendras.

Escurrir la pasta en el momento y del modo adecuado.

En la sartén con el aceite solo un poco caliente echar la guindilla picada, un pellizco de salvia y un polvete de pimienta, a continuación añadir las nueces y los piñones, y seguidamente la pasta.

Mezclar y servir con el queso rallado.

Las almendras laminadas suelen estar en la sección de productos para hacer dulces, no en la de frutos secos. En su lugar se pueden utilizar almendras crudas picadas, y en lugar o además de nueces y piñones también valen avellanas, pistachos o anacardos, según gustos y preferencias. La salvia no es imprescindible; si la tienes la usas y si no, no. Y si la tienes pero no quieres usarla, pues tampoco. Lo mismo que la guindilla.

«Una receta de cocina no es una fórmula química.»
Anatoli Mastershev


Marmitón Miranda

Ensalada de Alubias con Bonito

Ingredientes

  • un bote (500 g) de alubias blancas cocidas
  • una lata (115 g) de bonito del norte en aceite de oliva
  • una bolsita de aceitunas verdes con hueso
  • cebolla, zanahoria, pimiento verde, pimiento rojo
  • un cogollo o brotes de lechuga
  • ningún tomate
  • sal, pimienta, aceite de oliva, vinagre

Preparación

Lo primero, lavarse las manos.

En un cuenco echa el contenido de la lata de bonito con su aceite y desmenúzalo con un tenedor.

Saca como puedas las alubias del bote (un cuchillo de punta redonda o una pala de pescado ayudan), pásalas por un agua y mézclalas con el bonito.

Corta un trozo de cebolla, el equivalente de dos cucharadas, pícala muy fina finita fina, que no se sepa que está ni que existe, y al cuenco.

Pela y ralla una o dos zanahorias, y lo mismo.

Corta en tiras o trozos pequeños un poco de pimiento verde y otro casi de rojo, y ambos al cuenco.

¿Tomate? ¿Quién ha dicho tomate? Ningún tomate.

Escurre la bolsa de aceitunas; lanza las aceitunas al cuenco, y la bolsa, junto con la lata del bonito y la tapa del bote de alubias, deposítalas en la bolsa de los plásticos para reciclar. El bote, con el cristal.

Vuelve al cuenco y salpiméntalo y alíñalo con aceite y vinagre o vinagreta.

Mete el cuenco con la ensalada en la nevera durante media hora y sácalo diez minutos antes de comer.

Mientras tanto, para entretenerte, puedes leer el interesante ensayo de sir Charles Bigears titulado “Sobre la inutilidad del tomate”, de reciente traducción al español. En elchingondelpago.pom debe estar.

Ya temporalmente atemperada la ensalada, remuévela un poquito, sírvela en los platos y adórnala con cogollitos o brotes de lechuga.

Y de segundo, un pescado frito con pimientos de Padrón. Pero no «del padrón» que eso no existe.
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Marmitón Miranda

Ensalada Templada de Guisantes Frescos

Ingredientes

  • un kilo de guisantes frescos
  • medio kilo de patatas nuevas
  • 2 o 3 huevos
  • dos latas (de 115 gramos) de atún claro en aceite de oliva
  • un tomate rojo o una bolsa de ensalada variada
  • media cebolla tierna
  • aceite de oliva, sal

Preparación

Lo primero, lavarse las manos.

Desgránense los guisantes y cuézanse durante unos minutos. Cuando estén blandos retírense del fuego y resérvense en el agua de la cocción.

Pelénse (o no) las patatas y cuézanse en agua con sal.

Cuézanse por otra parte los huevos, quíteseles la cáscara y resérvense al calor.

Lávese el tomate y córtese en cuartos y después en rodajas.

Córtese la media cebolla en aros finos.

Cuando estén cocidas las patatas escúrranse, córtense en rodajas y pásense a una bandeja.

Ábranse las latas de atún y escúrrase parte de su aceite sobre las patatas.

Desmenúcese el atún y póngase por encima.

Añádanse los guisantes escurridos, luego el tomate, o la ensalada variada, y la cebolla y por fin los huevos cortados en trozos irregulares.

Alíñese con aceite de oliva rosa del olivo verde y sal negra de roca virgen de las montañas del pajaquistán.

Y buen cohecho, digo, provecho.


Marmitón Miranda

Augardente con Cereixas

 

Ingredientes

  • Un kilo de cerezas sanas de tamaño y color uniformes
  • 140 cl (dos botellas comerciales) de aguardiente de orujo
  • 10 cl (una copa) de vodka
  • 750 gramos de azúcar blanco
  • 75 cl de agua
  • Una rama (4 cm) de canela

Además

  • Un cazo u olla con capacidad para 3 litros
  • Un recipiente de cristal de boca ancha, con tapa, con capacidad para 5 litros
  • Un embudo ancho
  • Film transparente

Preparación

Esterilícese debidamente el recipiente de cristal.

Lavamos las cerezas, las escurres y quitas los rabos, desechando las que tengan manchas o golpes y las que estén más pálidas o demasiado pasadas. No importa si no llegan al kilo.

Vais y ponéis en el cazo el agua y el azúcar y dejamos a fuego medio hasta que el azúcar se disuelva totalmente removiendo de vez en cuando.

Dejaríamos enfriar unos cinco minutos y se le añade el aguardiente y el vodka.

Coloquemos las cerezas en el recipiente de cristal junto con la canela.

A continuación vertéis el líquido sobre las cerezas utilizando el embudo. Dejaremos enfriar completamente.

Cuando enfríe limpias la boca del recipiente con papel de cocina y la cubrimos con dos o tres capas de film transparente de modo que sobren unos dos o tres centímetros alrededor y ya le ponéis la tapa. El film transparente ayudará a un cierre más hermético.

Olvídatelo en maceración en lugar oscuro, fresco y seco durante unos tres meses.

En su momento filtremos y pasaríais a botellas de boca ancha (un mínimo de dos centímetros) poniendo en el fondo de cada botella entre una y dos docenas de las cerezas maceradas.

Consúmase con moderación, frío o helado si se quiere, pero cuidado con los aguardientes fríos y dulces, que entran muy bien, sobre todo después de una buena comida, y luego cuesta despegar el culo de la silla.
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Marmitón Miranda

Lentejas con Setas y Algas

(Romance de las lentejas tristes)

Ingredientes

  • 250 g de las lentejas que más te gusten
  • 100/200 g de setas variadas
  • 10 g de algas secas espaguetis de mar
  • un pimiento verde o medio pimiento rojo
  • una cebolla
  • un puerro pequeño
  • dos zanahorias
  • una o media guindilla
  • tres dientes de ajo
  • una rama de perejil
  • una hoja de laurel
  • una cucharadita de pimentón
  • aceite de oliva, agua y sal

Preparación

Lentejas, lentejas tristes,
lentejas sin alegría,
no se vieron en las lumbres
de Aragón ni de Castilla,
ni en las Asturias de Oviedo
ni en León ni Andalucía,
lentejas tan sin sustancia,
tan cansadas y vencidas.
Os guisaban sin tajada
de chorizo ni morcilla,
sin un algo de tocino,
de jamón ni de costilla;
lentejas, lentejas tristes,
lentejas sin alegría.
Os echaban a la olla
remojadas y escurridas,
donde antes en aceite
las verduras sofreían:
mal picado un triste puerro
tristemente allí caía,
la zanahoria en rodajas,
el pimiento en tristes tiras,
la cebolla muy picada
sollozando le añadían,
y picado un diente de ajo
al aceite triste iba;
de unas setas de los montes
tristes trozos le traían,
además de, con gran saña,
agregar media guindilla,
y después de hecho el sofrito
en tan triste compañía,
aún encima le regaban
más de un litro de agua fría.
Allí os echaban, lentejas,
pues el tiempo ya os venía
de cocer a fuego lento
una hora bien cumplida,
cuece triste que te cuece
en tan triste compañía;
lentejas, lentejas tristes,
lentejas sin alegría.
Mientras el guiso en el fuego,
ya caliente, aún no hervía,
por poner alguna cosa
unas algas le ponían,
como espaguetis de mar
en la tierra conocidas,
con las manos troceadas,
con los dedos mal partidas,
también dos dientes de ajo
con sus pieles le añadían,
y un ramín de perejil,
de laurel triste una hojita,
y después de pimentón
triste una cucharadita
y, por terminar el duelo,
un quebranto de sal fina,
y allí os dejaban al fuego
malcociendo de tal guisa,
lentejas, lentejas tristes,
con muy gran melancolía.
No se vieran en Navarra
ni en Aragón ni en Castilla,
ni en los puertos de Vizcaya
ni en las rías de Galicia,
ni en las huertas de Valencia
ni en la mora Andalucía,
lentejas tan sin sustancia,
lentejas tan chuchurrías,
ni se viera allí gran chef
con tan grande valentía,
sin deconstrucción que valga
ni reducción ni pamplina,
que entre el pecho y las espaldas
comistrajo así metía.
Ay, lentejas sin ventura,
desgraciadas a porfía,
mal haya quien os guisaba,
mal haya quien os comía,
mal haya quien os hallaba
y un romance tal paría.


Marmitón Miranda

Espaguetis a la Pavisca

Ingredientes

  • 100 gramos de espaguetis por boca
  • 100/200 gramos de fiambre de pavo
  • 4/6 nueces
  • 1/2 dientes de ajo
  • salvia
  • queso rallado
  • aceite de oliva y sal

Preparación

Primero, lava las manos,
y evitas virus y gérmenes
y otros bichejos insanos.

Pon agua y sal a la lumbre
y hierve los espaguetis
como tienes por costumbre.

En aceite suave luego
fríes el ajo picado
y lo separas del fuego.

Mientras que la pasta cueces
preparas un picadillo
con el fiambre y las nueces.

Cuando en su punto ya estén,
los ’paguetis escurríos
los vuelcas en la sartén.

Añades el picadillo
aquel de nueces y pavo
y de salvia un pellizquillo.

Lo remueves con cuidado,
lo pasas al plato y rallas
el queso, si no es rallado.

Y con un vaso de vino
te metes un sano plato
bueno, barato y muy fino.


Marmitón Miranda

Fideítos Marisqueros

Ingredientes 4 p.

  • fideos del nº 4 “secado progresivo”, 350 gramos
  • almejas, 300 gramos
  • mejillones, 300 gramos
  • 12 gambones
  • 4 calamares pequeños
  • ¼ de pimiento rojo, 50 gramos
  • ¼ de cebolla, 20 gramos
  • un diente de ajo
  • una lata pequeña de guisantes, 150 gramos
  • un sobre de azafrán molido
  • dos cucharadas de tomate frito
  • aceite de oliva, 100 mililitros
  • agua, 600/800 mililitros
  • ¿sal?

Preparación

Lo primero, lavarse las manos.

Una hora antes de empezar dejar las almejas en medio litro de agua, fría si vienen de la nevera, del grifo si están a temperatura ambiente.

Limpiar y trocear los calamares.

Lavar los mejillones y arrancarles las barbas que les salen de la punta tirando fuertemente de ellas.

Poner una olla al fuego con 200 ml de agua y los mejillones, tapar, y en cuanto se abran apagar el fuego. Sacar los mejillones a un plato y colar el líquido sobre una taza y reservar.

En una sartén amplia poner a calentar el aceite y en su momento marcar los gambones por ambos lados. Sacarlos con unas pinzas, ponerlos en un plato, reservándolos.

Colar el aceite sobre una cazuela amplia, de barro o de fondo grueso.

Poner la cazuela al fuego y sofreír el pimiento troceadito con el diente de ajo con su piel, cortado por la mitad a lo largo. En un par de minutos añadir la cebolla picadita y sofreírla.

A continuación retirar el ajo y añadir los fideos, removiéndolos durante un minuto.

Agregar los calamares y remover.

Añadir el líquido de los mejillones y el agua, después el azafrán y el tomate frito.

Salar moderadamente, o no.

Dejar hervir a fuego moderado durante unos seis minutos.

Mientras tanto quitar la concha superior a los mejillones y pelar los gambones echando las cabezas a la cazuela.

Cuando haya hervido esos seis minutos, bajar el fuego, añadir las almejas escurridas, los mejillones con su concha inferior y los gambones pelados.

Hervir a fuego moderado otros tres o cuatro minutos.

Después retirar las cabezas de los gambones, añadir los guisantes y dejar reposar durante diez minutos.

Alioli

Estos fideos pueden acompañarse con salsa alioli, pero es trabajosa y delicada de hacer y las industriales (como sucede con todas las salsas) no están a la altura. Puede obtenerse un sucedáneo aceptable machacando un par de dientes de ajo en un cuenco y añadiéndole tres o cuatro cucharadas de mayonesa “vegana”, sin huevo, de cierta conocida marca de mayonesas.


Marmitón Miranda

Merluza Congelada a las Tres Latas

Ingredientes

  • cuatro filetes o rodajas de merluza congelada
  • una latita o tetrabrik pequeño de tomate frito
  • una lata de pimientos morrones
  • una lata de guisantes
  • cebolla, ajo, perejil
  • caldo de verdura, harina, aceite de oliva, sal

Preparación

Lo primero, lavarse las manos.

Tómese una cazuela o sartén amplia, llévese al fuego, cúbrase el fondo de aceite y, ya caliente, échese en él media cebolla regularmente picada. Agréguese también un diente de ajo y una rama de perejil.

Trocéese el pimiento y, cuando se transparente la cebolla, rehóguese durante un par de minutos.

Viértase a continuación un vasito de caldo de verdura, sálese prudentemente, y déjese a fuego moderado entre cinco y diez minutos. Retírese entonces el ajo y el perejil, añádase el tomate frito, remuévase y apártese del fuego.

Póngase al fuego una sartén mediana con medio dedo de aceite, sálese y pásese la merluza ya descongelada por harina, y fríase a fuego medio, solo vuelta y vuelta, y colóquense los filetes o rodajas en la cazuela con la salsa.

Añádanse los guisantes y téngase la cazuela a fuego bajo durante dos o tres minutos, según el grosor de la merluza, tápese y déjese reposar otros cinco.

Sírvase y zámpese.


Marmitón Miranda

Macarrones a la Zumantina

Ingredientes

  • 300 / 400 g de macarrones
  • 150 g / cuatro hojas de acelga amarilla
  • 150 g / diez o doce hojas de espinaca pequeña
  • 100 g / diez o doce champiñones
  • 100 g / diez o doce setas
  • pan o queso rallado
  • sal, ajo, salvia
  • agua, aceite de oliva

Preparación

Los zumantinos fueron un pueblo que habitó la Zumantia, territorio que coincidía aproximadamente con la actual región-estado de Tolencia, conocidos en la historia por su denodada y feroz resistencia al avance del imperio colesterolio.
En la campaña de excavaciones del verano de 1919 fue hallada una vasija de barro de grandes dimensiones, casi completa, sobre la que aparecía grabada en caracteres zuminios una excepcional receta de ‘pasta de tubo’ elaborada para un ritual de invocación y propiciación de Tiznuk y Verzha, dioses respectivamente del fuego y la agricultura, enunciada por un chamán-hechicero llamado Nerike (o Nerige), cuya traducción se incluye a continuación.

“Lo (…) es (…)r-se las manos [texto fragmentado].

Oh, tú, señor Tiznuk, que reinas sobre el fuego, que nos traes el calor y nos das la perfecta cochura y la pura temperatura, oh tú, señor del fuego; oh, tú, señora Verzha, que dominas sobre los huertos, los campos y los bosques; oh tú, señora del verdor de la verdura: a vos traemos, y rogamos que toméis y aceptéis, esta ofrenda elaborada en vuestro honor con la sagrada pasta de tubo; a vos aquí traemos, oh mi señor Tiznuk, oh mi señora Verzha, aquí os entregamos los santos y sagrados Macarrones a la Zumantina que el chamán Nerike, siguiendo la ancestral receta que, estación tras estación, fue legada de chamán a chamán y hasta el día de hoy, preparó del siguiente modo:

Tomó primero la hoja de la acelga del huerto, la lavó y la picó; tomó la hoja de la espinaca del huerto, la lavó y la picó; sobre el fuego puso la olla con el agua, puso la olla con la sal; cuando el señor Tiznuk la hizo bullir, echó la hoja de la acelga, echó la hoja de la espinaca, en nombre de la señora Verzha, y cuando volvió a bullir añadió la pasta de tubo de los macarrones, y allí lo dejó todo en manos del sagrado fuego, a hervir.

Entonces lavó y picó las setas de la oscuridad del monte, lavó y picó los champiñones de la oscuridad del monte. Por la gracia del señor Tiznuk puso entonces la sartén al fuego, con aceite de las olivas de los vastos campos, y agregó las setas, y agregó los champiñones; picó después ajo, aromático ajo de los huertos y los campos, y lo añadió a la sartén; le dio vueltas, le dio vueltas al contenido de la sartén hasta que las setas se doraron. Y apartó la sartén del sagrado fuego, por la gracia de la señora Verzha. Esperando.

Tomó entonces el chamán Nerike las nueces del nogal del bosque y las abrió y las picó finamente, las picó delicadamente; las nueces del nogal del bosque de la señora Verzha. Esperando.

Cuando Tiznuk, señor del fuego, hirvió la hoja de la espinaca, hirvió la hoja de la acelga, hirvió la pasta de tubo de los macarrones, el chamán los escurrió bien, volvió la sartén al fuego, y sobre las setas y los champiñones volcó las verduras con la pasta, agregó las nueces y un poco de salvia, de la picante y curativa salvia de los campos, oh Verzha, señora de la flora y del verdor de la verdura, lo removió todo y esta vez lo colocó en una fuente de horno, oh Tiznuk, señor dador de la pura temperatura.

Así pues, con los Macarrones a la Zumantina dispuestos en la fuente, los espolvoreó uniformemente con pan rallado y los introdujo, oh Tiznuk, en el horno bajo el calor del gratinador, donde permanecieron unos minutos hasta que el pan rallado, oh Verzha, se tostó y obtuvo el bonito color dorado que agrada tanto a dioses como a hombres, oh númenes que recibís las ofrendas del chamán, del brujo, del hechicero.

Y pues así lo hizo, así lo elaboró y procesó en vuestro honor, oh númenes, oh mi señora Verzha, oh mi señor Tiznuk, tomad, aceptad esta ofrenda de todo el pueblo zumantino, morador de la invicta Zumantia, para que con vuestros dones, la pura temperatura, oh Tiznuk, y el verdor de la verdura, oh Verzha, imbuidos de la fuerza y el poder que nos otorgáis, logremos derrotar por siempre y para siempre en la inmensidad de los siglos a las hordas colesterolias, la nefanda estirpe del pernicioso colesterol.

Vuestro siervo Nerike, brujo-hechicero del culto de Tiznuk, dador de la pura temperatura y de la perfecta cochura, y chamán-sacerdote del culto de Verzha, dadora de la flora y del verdor de la verdura, sobre los fragantes huertos, los amplios campos y los profundos bosques de Zumantia, así os lo suplica.”

Esta es la receta original zumantina, que admite algunas variaciones: Los macarrones se pueden comer después de salteados en la sartén sin necesidad de gratinado; en este caso el plato se puede hacer con cintas o nidos en lugar de macarrones. O bien pueden gratinarse con queso rallado, desde luego; hay queso rallado bajo en grasa. Se puede añadir fiambre de pavo o jamón cocido picado en lugar o además de las nueces. Respecto a las verduras, pueden emplearse solo espinacas o solo acelgas.


Marmitón Miranda

Lengua de Ternera con Setas y Salsa de Nueces

Ingredientes

  • una lengua de ternera de un kilo o menos
  • una zanahoria, una cebolla
  • unas hojas de apio, una rama de perejil, un diente de ajo
  • unos granos de pimienta y de enebro, un trocito de canela en rama
  • 250 gramos de setas variadas
  • 200 gramos de nueces, un puñadillo de avellanas
  • agua, aceite, vino, harina
  • sal y pimienta molida

Preparación

Manos, mis manos, las manos, antes de lo primero, lo primero siempre fue lo primero, lo primero es lavarse las manos, lo primero, pero

por qué lo llaman sexo oral cuando quieren decir bucal, oh la lengua, qué indiscreta es, por si acaso echa dos o tres litros de agua fría en una olla , hola olla, y luego ponla al fuego, la profundidad del fuego, el ego del juego, mírame desnudo, solo en mi jaula, mi lengua es mi universo, y en la olla la zanahoria y media cebolla y apio y perejil y ajo carajo, mi multiverso, y pimienta y enebro y canela, y la lengua, háblame en tu lengua exótica, yo miraré la curva de tus piernas, de tus nalgas, de las dunas de tus playas reducidas a la geometría absoluta del abismo, ah la lengua, y ahí que cueza una hora, oh señor soy un formulador, intrusos contra el templo de este abismo, una hora por cada kilo, oh esplendor del fuego de la tierra, desentrañas el tiempo de esta entraña, en mi jaula,

apaga el fuego, retira la verdura, deja que se enfríe la lengua dentro del agua, en la olla, oh la olla, cuando esté tibia quita la piel a la lengua, la piel de mi lengua, la dermis de una duna, los hondos tesoros que el mar encubre, por la libertad oh hombre, los calmos abismos que el cielo ignora, la larga sombra de la bestia en el desierto, deja mientras tanto la lengua despellejada en el agua tibia de la cocción, el ocre hostil del desierto, en mi jaula,

mírame aquí, yo también puedo mirarte, aceite en la sartén, lucha de universos en el vacío, dos cucharadas, dos cucharadas de cebolla picada también, pocha, setas, hongos de la profundidad del bosque, donde la humedad gime hacia la curva de tus dunas, donde la humedad repta, playas, playas, veo tus playas, trocedas, cuando empiecen a dorarse echa un poco de harina, para espesar, y un chorro de vino, de vino aromático, quizá, serenidad,

después medio litro del agua de la cocción, serenidad, sosiego, y el gran río de arena, agua que mana de sí misma, inundando el hondo abismo, distancias, salpimenta, mídeme, mírame, en mi universo, solo, en mi jaula,

mírame, a veces, del volcán surge la vida, tritura las nueces con las avellanas, pareces, y échalas, mi lengua, mi universo, a veces, mi propia meteorología, en la sartén, te doy mi lluvia, sobre tus dunas y tus junglas, a veces, bosque brumoso, desierto acechante, el cuarto de una hora, por qué lo llaman tiempo, profundamente dentro, y cinco minutos más de reposo, no mires, no lo llames por su nombre,

por qué lo llaman lengua, mi universo, la dermis de mi tiempo, tú, tu tiempo, córtala en lonchas, el pequeño trozo de tu universo que puedo ser capaz de capturar, de un medio centímetro, incendios hallarán la hierba seca, gritando cantaré comprenderé, disponlas en los platos, la sombra del tornado en los bajíos, y cúbrelas con la salsa de nueces con setas, rojiza mancha hostil, la salsa de setas con nueces, en mi jaula,

en mi jaula, la entraña de tu tiempo desentrañas, la tierra bajo el fuego en esplendor, abismo de geometría absoluta, reducción de tus dunas en mis playas, desnudo solo puedes ver tu máscara, desnuda puedo ver mi plenitud

mírame, marídame esta deconstrucción, deconstrúyeme este maridaje, desnudo en mi jaula, emplátame esta tonta estupidez, mírame a los ojos y no a lo oscuro, serenidad, las curvas absolutas del abismo, la lluvia traerá sosiego, aquel profundo abismo de violencia, oh hombre, la lengua de mi lengua.


Marmitón Miranda