Lentejas con Setas y Algas

(Romance de las lentejas tristes)

Ingredientes

  • 250 g de las lentejas que más te gusten
  • 100/200 g de setas variadas
  • 10 g de algas secas espaguetis de mar
  • un pimiento verde o medio pimiento rojo
  • una cebolla
  • un puerro pequeño
  • dos zanahorias
  • una o media guindilla
  • tres dientes de ajo
  • una rama de perejil
  • una hoja de laurel
  • una cucharadita de pimentón
  • aceite de oliva, agua y sal

Preparación

Lentejas, lentejas tristes,
lentejas sin alegría,
no se vieron en las lumbres
de Aragón ni de Castilla,
ni en las Asturias de Oviedo
ni en León ni Andalucía,
lentejas tan sin sustancia,
tan cansadas y vencidas.
Os guisaban sin tajada
de chorizo ni morcilla,
sin un algo de tocino,
de jamón ni de costilla;
lentejas, lentejas tristes,
lentejas sin alegría.
Os echaban a la olla
remojadas y escurridas,
donde antes en aceite
las verduras sofreían:
mal picado un triste puerro
tristemente allí caía,
la zanahoria en rodajas,
el pimiento en tristes tiras,
la cebolla muy picada
sollozando le añadían,
y picado un diente de ajo
al aceite triste iba;
de unas setas de los montes
tristes trozos le traían,
además de, con gran saña,
agregar media guindilla,
y después de hecho el sofrito
en tan triste compañía,
aún encima le regaban
más de un litro de agua fría.
Allí os echaban, lentejas,
pues el tiempo ya os venía
de cocer a fuego lento
una hora bien cumplida,
cuece triste que te cuece
en tan triste compañía;
lentejas, lentejas tristes,
lentejas sin alegría.
Mientras el guiso en el fuego,
ya caliente, aún no hervía,
por poner alguna cosa
unas algas le ponían,
como espaguetis de mar
en la tierra conocidas,
con las manos troceadas,
con los dedos mal partidas,
también dos dientes de ajo
con sus pieles le añadían,
y un ramín de perejil,
de laurel triste una hojita,
y después de pimentón
triste una cucharadita
y, por terminar el duelo,
un quebranto de sal fina,
y allí os dejaban al fuego
malcociendo de tal guisa,
lentejas, lentejas tristes,
con muy gran melancolía.
No se vieran en Navarra
ni en Aragón ni en Castilla,
ni en los puertos de Vizcaya
ni en las rías de Galicia,
ni en las huertas de Valencia
ni en la mora Andalucía,
lentejas tan sin sustancia,
lentejas tan chuchurrías,
ni se viera allí gran chef
con tan grande valentía,
sin deconstrucción que valga
ni reducción ni pamplina,
que entre el pecho y las espaldas
comistrajo así metía.
Ay, lentejas sin ventura,
desgraciadas a porfía,
mal haya quien os guisaba,
mal haya quien os comía,
mal haya quien os hallaba
y un romance tal paría.


Marmitón Miranda

Lengua de Ternera con Setas y Salsa de Nueces

Ingredientes

  • una lengua de ternera de un kilo o menos
  • una zanahoria, una cebolla
  • unas hojas de apio, una rama de perejil, un diente de ajo
  • unos granos de pimienta y de enebro, un trocito de canela en rama
  • 250 gramos de setas variadas
  • 200 gramos de nueces, un puñadillo de avellanas
  • agua, aceite, vino, harina
  • sal y pimienta molida

Preparación

Manos, mis manos, las manos, antes de lo primero, lo primero siempre fue lo primero, lo primero es lavarse las manos, lo primero, pero

por qué lo llaman sexo oral cuando quieren decir bucal, oh la lengua, qué indiscreta es, por si acaso echa dos o tres litros de agua fría en una olla , hola olla, y luego ponla al fuego, la profundidad del fuego, el ego del juego, mírame desnudo, solo en mi jaula, mi lengua es mi universo, y en la olla la zanahoria y media cebolla y apio y perejil y ajo carajo, mi multiverso, y pimienta y enebro y canela, y la lengua, háblame en tu lengua exótica, yo miraré la curva de tus piernas, de tus nalgas, de las dunas de tus playas reducidas a la geometría absoluta del abismo, ah la lengua, y ahí que cueza una hora, oh señor soy un formulador, intrusos contra el templo de este abismo, una hora por cada kilo, oh esplendor del fuego de la tierra, desentrañas el tiempo de esta entraña, en mi jaula,

apaga el fuego, retira la verdura, deja que se enfríe la lengua dentro del agua, en la olla, oh la olla, cuando esté tibia quita la piel a la lengua, la piel de mi lengua, la dermis de una duna, los hondos tesoros que el mar encubre, por la libertad oh hombre, los calmos abismos que el cielo ignora, la larga sombra de la bestia en el desierto, deja mientras tanto la lengua despellejada en el agua tibia de la cocción, el ocre hostil del desierto, en mi jaula,

mírame aquí, yo también puedo mirarte, aceite en la sartén, lucha de universos en el vacío, dos cucharadas, dos cucharadas de cebolla picada también, pocha, setas, hongos de la profundidad del bosque, donde la humedad gime hacia la curva de tus dunas, donde la humedad repta, playas, playas, veo tus playas, trocedas, cuando empiecen a dorarse echa un poco de harina, para espesar, y un chorro de vino, de vino aromático, quizá, serenidad,

después medio litro del agua de la cocción, serenidad, sosiego, y el gran río de arena, agua que mana de sí misma, inundando el hondo abismo, distancias, salpimenta, mídeme, mírame, en mi universo, solo, en mi jaula,

mírame, a veces, del volcán surge la vida, tritura las nueces con las avellanas, pareces, y échalas, mi lengua, mi universo, a veces, mi propia meteorología, en la sartén, te doy mi lluvia, sobre tus dunas y tus junglas, a veces, bosque brumoso, desierto acechante, el cuarto de una hora, por qué lo llaman tiempo, profundamente dentro, y cinco minutos más de reposo, no mires, no lo llames por su nombre,

por qué lo llaman lengua, mi universo, la dermis de mi tiempo, tú, tu tiempo, córtala en lonchas, el pequeño trozo de tu universo que puedo ser capaz de capturar, de un medio centímetro, incendios hallarán la hierba seca, gritando cantaré comprenderé, disponlas en los platos, la sombra del tornado en los bajíos, y cúbrelas con la salsa de nueces con setas, rojiza mancha hostil, la salsa de setas con nueces, en mi jaula,

en mi jaula, la entraña de tu tiempo desentrañas, la tierra bajo el fuego en esplendor, abismo de geometría absoluta, reducción de tus dunas en mis playas, desnudo solo puedes ver tu máscara, desnuda puedo ver mi plenitud

mírame, marídame esta deconstrucción, deconstrúyeme este maridaje, desnudo en mi jaula, emplátame esta tonta estupidez, mírame a los ojos y no a lo oscuro, serenidad, las curvas absolutas del abismo, la lluvia traerá sosiego, aquel profundo abismo de violencia, oh hombre, la lengua de mi lengua.


Marmitón Miranda

Escabechina de Setas

Ingredientes

  • 400 g de setas
  • 1 zanahoria pequeña en tiras de 2 cm
  • 1 cebolla pequeña en juliana
  • 2 dientes de ajo en láminas
  • 6 granos de pimienta
  • 2 clavos de olor
  • 1 hoja de laurel troceada
  • 1 ramita de tomillo
  • 1 ramita de romero
  • 2 guindillas rojas secas pequeñas
  • medio vaso (120 ml), y un poco más, de aceite de oliva suave
  • un cuarto de vaso (60 ml) de vinagre de sidra
  • un cuarto de vaso (60 ml) de vino blanco
  • medio vaso más del mismo vino blanco

Preparación

Lo primero, lavarse las manos.

Antes de empezar, preparar las setas limpiándolas concienzudamente, sin que las toque el agua, con ayuda de un cepillito suave y papel de cocina, cortando las partes que tengan tierra muy pegada o estén dañadas. Lleva un ratito. Después trocearlas en mitades o cuartos según tamaño e igualmente los troncos.

Mientras se lleva a cabo esta ardua tarea, servirse medio vaso de vino e ir catándolo para comprobar que es de la calidad adecuada.

En su momento cubrir una sartén pequeña con medio centímetro de aceite de oliva y sofreír bonitamente la zanahoria, la cebolla y el ajo. Cuando estén como tienen que estar, pasarlos a un cazo dejando el aceite en la sartén. Fuera del fuego añadir a la sartén las hierbas y especias, removerlas un tanto y poner a fuego bajo durante un minuto. Acto seguido echar la mayor parte del aceite, reservando un poco, con aquellas y las otras hierbas, al antedicho cazo y añadirle el medio vaso de aceite, el vinagre y el vino. Reducir durante un cuarto de hora, maomeno.

Cinco minutos antes, o sea, diez minutos después, pasar el resto de aceite a otra sartén más grande, ponerla a fuego vivo y rehogar las setas estas durante unos, equis, minutos, removiéndolas esmeradamente, mejor volteándolas. Cuando vayan a querer dorarse, apartar el susodicho cazo del fuego, e ir echándole las setas con cuidadín.

Volver el sobredicho cazo al fuego y tenerlo a idem medio unos diez minutos, maomeno. Después dejar que se enfríe un poco y trasladar a un recipiente conveniente con su tapa correspondiente y tapar apropiadamente. Colocar el escabeche perfectamente escabechado en un lugar fresco y apartado y olvidarse de él durante tres días. En la nevera no, que lo ves y vas a querer comértelo. Y no necesita frío.

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Adivina adivinanza:
Un sombrero sin cabeza con un pie que no tropieza, ¿qué es?


Marmitón Miranda