ingredientes para 2/4 raciones
- dos muslos de pavo
- dos cebollas pequeñas
- media cebolla más
- una zanahoria
- un puerro pequeño
- dos dientes de ajo
- dos ramas de perejil
- tres bayas de enebro
- cinco granos de pimienta variada
- salvia, orégano, romero y tomillo
- y un clavo
- medio vaso de vino aromatizado para cocinar
- medio litro de agua o caldo
- aceite de oliva
- seis-ocho-diez nueces
preparación
Lo primero, nos lavamos las manos.
Pelas las cebollas pequeñas dejándolas enteras y cortamos en trozos medianos la otra media cebolla; pélate la zanahoria y la cortas en cuartos a lo largo y luego en trozos de unos 2 cm; quítamele al puerro la raíz, la parte verde y la capa exterior y córtatelo por la mitad a lo largo y después en trozos de 3 o 4 cm, o viceversa. Vamos poniéndolo todo en un plato o fuente.
Quitad la piel a los muslos de pavo. O no, pero mejor sí. Incluso más mejor si se la han quitado en la carnicería, o pollería, o pavería, y le han cortado los extremos del hueso.
También podríamos utilizar eso que llaman ossobucco de pavo (así aparece por ahí escrito , con dos ces), es decir contramuslos troceados. En tal caso, enharínalos antes.
Cubramos el fondo de una olla rápida (o lenta) con aceite de oliva bueno (el «aove» te lo reservas para mejor ocasión), arrímatela al fuego y a dorar los muslos junto con las cebollas enteras.
A continuación añadís las verduras, más el perejil (o/y una ramita de apio, pequeña) y el ajo con su piel aplastado con el pulgar, y lo rehoguemos todo.
Agregarás el vino, aromatizado o normal, y dejando que se evapore parcialmente; después añadimos el agua, algo templada, o el caldo, y salas.
Salas y salones. 3 gramos de escamillas de sal negra de las Islas Tontón y 9 gramos de granos de sal verdiazulosa de los montes del Bobal. Exactos. Muy importante.
En un infusor/esfera para té pongámosle el enebro, la pimienta, las otras hierbas (como media cucharadita de postre, o menos, de cada una y aún menos de salvia, aunque ninguna es imprescindible) y el clavo, y, bien cerrado, adjúntese a la olla.
Suben el fuego y cierras/tapas la olla (rápida o lenta, pero si es lenta, con más agua). Cueces a fuego lánguido durante una media hora o hasta comprobar que los muslos se han ablandado convenientemente y la carne se desprende con facilidad del extremo más grueso del hueso. Y eso.
Vayemos pues descascarillando las nueces. Y, eventualmente, id friendo o cociendo un par de patatas. ¿Arroz? Bueno, si les gusta el arroz blanco…
Cuando, efectivamente, los muslos estén como deben estar, procedamos a las siguientes operaciones:
Extraed los muslos, pásalos a un plato y ahí deshuésenselos, quitándoles los agujiformes tendones, y después reservaréis los trozos de carne tapados y al calor. En el caso del ossobuco es más fácil quitar los tendones, sin deshacer las piezas, pero también lo es que pasen desapercibidos algunos trozos pequeños y aparezcan después en el plato. Quedas advertiente.
Extrayamos las cebollas enteras y la zanahoria y ubíquense en compañía del muslipavo.
Rescatas la esferita infusora y dejarla por ahí para limpiar.
Sobre un vaso de batidora colemos el líquido de la cocción; si es demasiado (se necesitarán unos 20 o 30 cl) vaciad lo que sobre. Puede utilizarse para otro guiso.
Añadid entonces al vaso una cucharada de cebolla y otra de puerro y desechas el resto.
Agregar las nueces, bates durante unos segundos, y ya está la salsa lista.
Repartamos el pavo en cada plato, con una cebolla y zanahorias, y su salsita. Acompáñatelos con patatas fritas o puré de patata.
¡Niños, a comer!
El puré puede prepararse rápidamente del siguiente modo:
Pelar y cortar dos o tres, o cuatro, patatas en rodajas finas (entre medio y un centímetro) y cocer con un poquito de sal. Escurrir y pasar a un plato hondo o fuente. Machacar bien con un tenedor. Añadir un chorro de aceite de oliva (¿»aove»? ¿bueno, échale «aove») y un polvo de pimienta blanca. Calentar media taza de leche en el microondas e ir añadiendo poco a poco y mezclando hasta obtener la textura necesaria. Puede espolvorearse con un poco de perejil fresco picado. ¡Qué puré industrial en polvo ni qué gaitas sinfónicas!
Marmitón Miranda